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Entrevista a José María García de Miguel, Catedrático de Mineralogía y Petrología PDF Print E-mail
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José María García de Miguel, Catedrático de Mineralogía y Petrología; Director de la Cátedra UNESCO de Patrimonio: “es preciso insistir en la necesidad de cuadros técnicos especializados, así como mayor investigación en patologías y tratamientos”.

Su libro “Tratamiento y conservación de la piedra, el ladrillo y los morteros en monumentos y construcciones” busca establecer un lenguaje común que relacione la visión histórica y actual de la construcción ¿Cómo aborda esta posición?

El libro trata de la conservación de los materiales de construcción. La necesidad de la conservación de estos materiales es evidente en el caso de materiales históricos, pero, hoy día, nos enfrentamos con el reto de mantener el extenso patrimonio arquitectónico y en obra civil recientemente construido y en construcción. El desarrollo de métodos de diagnóstico de patologías, conocimiento de las técnicas de tratamiento y la correcta selección de los materiales según el uso y posición arquitectónica en obra nueva, es esencial si no se quiere que los costes de mantenimiento se disparen y se reduzca la durabilidad de la obra construida. De hecho, el libro suministra ejemplos de ambos tipos de construcción: histórica y actual, ya que, tanto la naturaleza de la piedra o el ladrillo, como los procesos de degradación son, en principio, independientes del carácter histórico o no de la edificación (si bien, este carácter introduce especificidades en cuanto al origen de la patologías y los métodos de tratamiento).

¿En qué situación se encuentra la conservación del patrimonio en España?

Bastante desvertebrada todavía. Tenemos un patrimonio histórico ingente. Somos el país, después de Italia, con mayor número de declaraciones en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, sin contar los declarados bienes de interés cultural, y otros, sin ninguna declaración, en estado de abandono o semiabandono, (pensemos, por ejemplo, en el patrimonio histórico minero).

El patrimonio es el testigo de nuestra memoria colectiva, constituye una importante fuente potencial de recursos a través del turismo cultural y se encuentra directamente relacionado con el prestigio internacional de nuestro país, por lo que se hace cada vez más necesario establecer técnicas racionales de conservación.

Hoy en día las administraciones responsables, con recursos limitados, muchas veces abordan las prioridades “en guerrilla”, atendiendo a las que son afectadas por proyectos de construcción actuales - como el recrecimiento del embalse de Yesa, por ejemplo- o a que su estado cause alarma en los medios de comunicación. Aunque unas Comunidades han avanzado más en este sentido que otras, no existe, en general, una planificación técnica ni un modelo de intervención.

Por otro lado, las actuaciones se deberían hacer bajo la dirección de equipos interdisciplinarios que garanticen la cualificación técnica del proyecto y la obra. Por razones sociopolíticas se tiende más a realizar intervenciones sin los necesarios estudios previos suficientes. En consecuencia, se abordan las actuaciones con poca base de conocimiento. Se echa de menos la formación de cuadros de técnicos especializados. Desgraciadamente, el resultado, más frecuente es que las intervenciones que se realizan produzcan más daño que beneficio debido a falta de criterio doctrinal y técnico.

En su libro dice que en general los monumentos se consideran como objetos arquitectónicos y no se les otorga importancia a su memoria colectiva ¿Cuáles son las consecuencias de esta visión?

Las consecuencias son que en las intervenciones se atiende demasiadas veces, únicamente a los aspectos estéticos o estilísticos, pero no a preservar sus valores como testimonios históricos. La destrucción de pátinas pictóricas sobre la piedra en labores de limpieza, constituye un ejemplo. Dichas pátinas representan testimonios de la forma de construir, preservar y entender el color y la terminación de la obra en el pasado, pero frecuentemente pasan desapercibidas al ser confundidas con el color natural de la piedra o lo que novelísticamente se denomina “pátina noble del tiempo”. Y sin embargo, se trata de auténticas aplicaciones. Como consecuencia, en las intervenciones los monumentos son “despellejados” por métodos industriales de limpieza, siguiendo el gusto actual por los materiales desnudos, limpios y vistos. Muchas piedras de construcción histórica, por ejemplo, son fácilmente alterables y su puesta en obra implicaba que debía ser recubierta de una capa de jabelga o revoco, con carácter sacrificial, renovable en las labores de mantenimientos. Su actual desnudez plantea un problema de conservación y no responde a su imagen histórica.

¿Qué significado tienen los conceptos de “arquitectura de hitos” y “arquitectura de contraste”?

Estas expresiones aparecen en el prólogo del libro para contextualizar el momento en que aparece la obra dentro de la conservación del patrimonio. No se trata, sin embargo, de un volumen acerca de conceptos doctrinales o arquitectónicos. Muy por el contrario, el libro es eminentemente técnico, versando sobre los materiales de construcción (piedra, ladrillo y morteros) sus patologías y tratamientos. Respondiendo a la pregunta, según Kevin Lynch, hitos serían aquellos monumentos que han caracterizado la ciudad a lo largo de las distintas épocas. Aún después de su desaparición queda su leyenda. Ello autorizaría a no considerarlos como elementos estáticos ya que no se los valora en su materia sino en su valor simbólico. A través de esta doctrina se justificaría la modificación del patrimonio monumental mediante intervenciones duras, con criterios exclusivamente arquitectónicos y alterando su autenticidad histórica.

Otra vertiente del concepto sería el justificar la elevación de construcciones disarmónicas en un entorno monumental, argumentando que aspiran a constituirse como elementos singulares, “hitos”, que caracterizarán una determinada época de la ciudad. Así, la ciudad se concibe como un elemento evolutivo donde se superponen y entremezclan los diferentes estratos históricos. Por ejemplo, la elevación de un edificio singular, como la obra de Moneo en la Plaza de Santa Teresa en Ávila, se justificaría como la evolución de un paisaje urbano. Bajo este tipo de doctrina se ocultan, frecuentemente, intereses especulativos que colisionan con la preservación del patrimonio en su autenticidad.

La “arquitectura de contraste” también justifica la inclusión, dentro de entornos históricos, de elementos arquitectónicos estilísticamente actuales mediante un metalenguaje tal como que “la ciudad histórica dialoga con la contemporánea”. Se argumenta en la necesidad de no crear falsos históricos mediante la inclusión de elementos que mimeticen lo antiguo. La doctrina internacional de ICOMOS y las directrices de la UNESCO apuntan, sin embargo, a la preservación del ambiente y el entorno que permite adecuadamente su comprensión, como parte del valor del monumento.

¿Cuáles son los avances que ha experimentado la ciencia y la técnica en la conservación del patrimonio y los materiales históricos?

Cuando comencé a trabajar en el tema, se hablaba del “mal de la piedra” como una especie de epidemia de gripe A, que afectaba a los materiales de nuestros monumentos y se aplicaban tratamientos sin criterio científico, basados en recetas tradicionales o, indiscriminadamente, productos que la industria química comercializaba para la construcción. En unos casos funcionaban, en otros se han producido daños irreversibles. Desde entonces el mundo de la ciencia se ha tomado interés en la conservación del patrimonio aplicando los conocimientos existentes y desarrollando nuevas técnicas. Se han producido desarrollos en productos de tratamientos, técnicas analíticas y ensayos para conocer la respuesta de la piedra a los mismos, también en las técnicas de limpieza, sobre todo con la introducción del láser.

En un futuro próximo, métodos de diagnóstico procedentes de la geofísica tales como el georadar o la termografía, serán de mayor utilidad al disponerse de bases de datos que permitan interpretar las señales. La sensorización remota promete un conocimiento eficiente, en tiempo real, del estado de conservación de los monumentos en primer lugar, pero también de las edificaciones sin valor histórico-patrimonial, permitiendo establecer cuando son necesarias labores de mantenimiento. Sin embargo, actualmente se echa en falta mayor comunicación entre el mundo de la obra y los laboratorios. A veces se obtienen datos técnicos, de forma automática o rutinaria que no se expresan como criterios en la intervención que se realiza. Los científicos no efectúan la trascripción práctica de los mismos y la obra no sabe interpretarlos en su aplicación.

En los edificios construidos los últimos años se han realizado intervenciones que han causado daños al patrimonio ¿Cuáles son las perspectivas de lograr una arquitectura y construcción sostenible?

Las perspectivas son directamente proporcionales a un mayor conocimiento de los materiales, sus patologías y las formas de tratamiento, es decir, del tema que aborda el libro. Para llevarlo a la práctica se requiere una mayor formación de técnicos que apliquen lo que se conoce y científicos que desarrollen nuevas técnicas. Es preciso insistir en que no se deberían abordar intervenciones, especialmente en construcciones de valor histórico, sin un conocimiento suficiente de su historia, materiales y patologías, garantizando mediante ensayos de laboratorio y obra los resultados de los tratamientos que se prescriban. Intervenir sin dicho conocimiento, como desgraciadamente ocurre demasiadas veces, es jugar a la ruleta rusa con elementos delicados e irremplazables.

¿Qué influencia tienen actualmente los estudios y labores de prevención y mantenimiento del patrimonio?

Son fundamentales. Al igual que en medicina la intervención, cuando ya existen daños, se traducen en pérdidas irreversibles en el patrimonio histórico y en mayores costes de intervención tanto en construcciones de valor histórico como en las que no lo tienen. Lo mismo se puede decir de las labores de mantenimiento. Todo el mundo comprende que limpiar una bajante obstruida por guano de paloma o la reparación de una teja es bastante menos oneroso que intervenir cuando el agua ha penetrado en la construcción y ha causado daños.

La humedad es el vehículo de muchos procesos de degradación en las construcciones ¿Hasta qué punto interviene en la patología de la piedra?

La piedra comparte esta sensibilidad con los otros materiales de construcción. Las humedades transportan sales solubles. Al evaporarse aquella, las sales cristalizan en la porosidad, actuando de forma similar a las heladas. Además, la escorrentía directa leviga la fracción arcillosa que contiene algunos tipos de piedra y, en ambientes ácidos contaminados, descompone los feldespatos y carbonatos de sus minerales.

¿Es posible poner en práctica un sistema de alerta frente a futuros flujos de humedad en las construcciones con piedra?

El tema de las humedades es siempre complejo. Se pueden cartografiar para inferir su procedencia y existen distintos métodos para remitirlas. Se encuentran en fase de investigación sensores de humedad en piedra de registro continuo que pudieran alertar frente a su presencia y evolución mediante sensorización remota.

¿Qué medidas deberían adoptarse para que los recursos económicos no se usen únicamente para conservación del patrimonio sino también para lograr una construcción sostenible?

Creo que son dos temas completamente diferentes y que ambos requieren los recursos precisos para su buen desarrollo. Respecto de los recursos para la investigación, ambos temas tienen mucho en común, de forma que de las nuevas técnicas que se desarrollen en uno de los campos suele beneficiarse el otro.

¿Qué cambios se han producido en la industria de la construcción en el campo de las rocas ornamentales?

Se han producido avances en muchos aspectos: en el desarrollo de normativas, controles de calidad, refuerzos de placas y sistemas de anclaje, procedimientos de extracción y corte, tratamientos, etc. Es un sector que, desde el estadio primitivo en el que permaneció durante un tiempo, comienza a evolucionar rápidamente ante la necesidad de reducir costes y la presencia de requerimientos más estrictos para la puesta en obra.

En su libro sostiene que actualmente se dispone de un gran patrimonio construido en obra civil y arquitectura que es necesario mantener, lo que implica utilizar una gran cantidad de recursos ¿Cómo debe llevarse a cabo este propósito?

Se debe llevar a cabo racionalizando su gestión y aplicando las técnicas oportunas para su conservación. Para ello, es preciso insistir en la necesidad de cuadros técnicos especializados, así como mayor investigación en patologías y tratamientos. De estas materias es de lo que trata el libro.

¿Existen suficientes profesionales técnicos en ingeniería y arquitectura que puedan llevar adelante estas iniciativas?

Creo que no basta con la titulación de ingeniero o arquitecto, sino que se requiere una formación especializada a partir de la de estos y otros profesionales. Este es uno de los problemas. No existen titulaciones específicas. Si bien es posible encontrar algunos cursos master en este sentido, son insuficientes, a mi modo de ver, para cubrir las necesidades en el futuro y algunas veces sesgados hacia aspectos más arquitectónicos que técnicos.